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Un huerto escolar junto a una pista deportiva: una cama redonda con acolchado de paja, flores y una col, una mesa de pícnic y jardineras detrás

Los huertos escolares funcionan cuando los docentes tienen ayuda

Lo que reveló un estudio en 89 escuelas francesas, y qué pueden aportar los horticultores.

por JM Fortier, Horticultor & autor de superventas

4 min de lectura

Ideas clave

  • Un estudio aleatorizado en 89 escuelas de primaria francesas muestra que las actividades de huerto listas para usar aumentan un 50 % el tiempo en el huerto y refuerzan el vínculo de los niños con la naturaleza.
  • Con tener un huerto no basta: la mayoría de los docentes apenas lo usa y el 90 % no ha recibido formación para ello.
  • Poner en marcha un huerto escolar cuesta unos 4.000 euros, menos de 30 euros por alumno, y se estima que cada euro invertido devuelve 3,35 euros a la comunidad.
  • Los horticultores pueden echar una mano: el estudio recomienda abrir los huertos escolares a las asociaciones y a los jardineros de la zona.

Este mes, WWF Francia y Eval-Lab publicaron los resultados de un estudio aleatorizado sobre huertos escolares de una escala sin precedentes, según sus autores: 89 escuelas de primaria, 184 docentes y más de 3.500 alumnos de toda Francia. Lo estaba esperando. Confirma lo que veo en las granjas temporada tras temporada: un huerto solo funciona si alguien ayuda a quienes se ocupan de él.

Con un huerto no basta

Muchas escuelas ya tienen huerto. Antes del estudio, una encuesta a 500 de ellas reveló que la mayoría de los docentes apenas lo usa y que el 90 % no ha recibido ninguna formación para ello. Los obstáculos le sonarán a cualquier horticultor que haya tenido que formar a un equipo: manejar a un grupo grande al aire libre, la idea de que el huerto solo sirve a final de curso, la sensación de que es un pasatiempo más que una clase, y la presión de que todo crezca, se coseche y salga bien.

Lo que cambia con un poco de ayuda

El programa École jardinière de WWF Francia da a los docentes actividades listas para usar, sin necesidad de formación. Para el estudio, a la mitad de las escuelas, elegidas por sorteo, les llegaron por correo diecisiete de esas actividades durante el curso 2024-2025, con las semillas incluidas. Esos docentes dedicaron un 50 % más de tiempo a las clases en el huerto, de 12 a 18 horas al año. La conexión de los niños con la naturaleza, su sensibilidad ecológica y sus competencias proambientales mejoraron, sin que aumentara la ecoansiedad en conjunto, y los mayores avances se vieron en las escuelas de educación prioritaria, donde los niños viven más lejos de la naturaleza.

Una mujer agachada cuida lechugas jóvenes en una cama de un huerto escolar
Cuidando las lechugas de un huerto escolar: unos minutos a la semana, si el plan dice qué hay que hacer. Foto: École jardinière (WWF Francia), vía ecole-jardiniere.com.

El estudio tampoco esconde lo que no funcionó: no halló ningún efecto en el bienestar de los niños en la escuela, y sí más problemas de disciplina en las actividades al aire libre. Sacar a treinta niños fuera del aula es un oficio en sí mismo, y los docentes también necesitan apoyo para eso.

Cuesta poco y rinde mucho

Un huerto escolar no sale caro. El estudio lo cifra en unos 4.000 euros de puesta en marcha, menos de 30 euros por alumno en una escuela de 150; las actividades enviadas por correo cuestan 42 euros por clase, y cada euro invertido devolvería unos 3,35 euros a la comunidad. Para un municipio, es de las mejores inversiones que puede hacer en un patio de colegio.

Y aquí entran los horticultores

El estudio pide abrir el huerto a la comunidad: asociaciones, jardineros municipales, jornadas de trabajo colectivo, talleres intergeneracionales. Algunos municipios ya lo hacen. En Lunel, en el sur de Francia, el ayuntamiento está dotando a sus trece escuelas de camas de cultivo directamente sobre el suelo, y el responsable de los invernaderos municipales acompaña a los docentes. Un horticultor de la zona puede ser una de esas personas: una tarde de primavera, una bandeja de plántulas, una visita a la granja. Los niños no lo olvidan.

Un huerto al ritmo del curso escolar

Un huerto escolar tiene que producir mientras los niños están, y en un clima del norte buena parte de la cosecha de verano llega con la escuela cerrada. Así que elige los cultivos en función del calendario escolar. Los rábanos parecen hechos para esto: los sembramos para cosechar en primavera, a finales del verano y en otoño, y evitamos pleno verano. Con las hojas de ensalada pasa lo mismo. Deja el plan escrito antes de las vacaciones de verano, con las camas y una lista corta de tareas para cada semana, para que en septiembre la clase vuelva a un huerto en marcha y sepa siempre qué necesita. Una herramienta de planificación como Heirloom puede llevar ese plan, con una temporada que empieza en septiembre, igual que el curso.

Un niño riega tomateras jóvenes y caléndulas en una cama de un huerto escolar con una regadera verde
Un pequeño hortelano riega los tomates: las tareas de la semana tienen que ser tan claras que una clase pueda encargarse de ellas. Foto: École jardinière (WWF Francia), vía ecole-jardiniere.com.

Por qué me toca tan de cerca

Por esto quiero tanto a Francia. Allí la gente sigue trabajando la tierra, la cultura de las pequeñas granjas, la paysannerie, sigue viva, y comer bien forma parte de la vida diaria. Un niño que ha sembrado una zanahoria y la ha arrancado de la tierra ya no vuelve a mirar una verdura de la misma manera. Algunos de estos niños serán los horticultores de mañana. Muchos más serán sus clientes en el mercado. Si queremos multiplicar las granjas, todo empieza aquí.

-JM

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